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El Chiquerillo nació en 2018, en un momento de cambio.

Después de quedarme sin trabajo, me sentía un poco perdida y con la necesidad de generar ingresos. Así fue como personalicé mi primera alcancía. En ese momento no imaginaba todo lo que vendría después, pero algo era claro: había potencial.

Decidí seguir creando, ahora por mi cuenta, con una idea muy presente desde el inicio: cada pieza debía tener un detalle especial, algo que realmente representara a quien la recibe. Desde entonces, el cuidado por los detalles y la autenticidad se convirtieron en la base de todo lo que hago.

Con el tiempo, la marca empezó a tomar forma. Aunque al principio no era mi actividad principal, di pasos importantes: con ayuda de amigos diseñé el primer logo y registré la marca. También perfeccioné mi proceso, moldeando cada accesorio a mano en cerámica fría para asegurar piezas únicas, resistentes y hechas con intención.

En este camino, mi hermana se incorporó al proyecto, convirtiendo El Chiquerillo en algo aún más especial: un trabajo familiar. Juntas hemos hecho crecer la marca, compartiendo no solo el proceso creativo, sino también el compromiso, la dedicación y el amor por cada pieza.

Durante la pandemia, incorporé algo que siempre me ha apasionado: las velas. Creo profundamente en el poder de los aromas, así que decidí crear velas personalizadas, cuidando cada elemento —desde el aroma hasta el color— para conectar con la esencia de cada persona.

Después llegaron nuevos productos: cajas personalizadas en vinil, piezas de decoración en cemento como alhajeros y macetas… y poco a poco, El Chiquerillo se convirtió en un espacio donde conviven distintas formas de crear, siempre con el mismo espíritu artesanal.

Hoy, el reto es crecer sin perder lo que nos hace especiales. Porque al final, cada pieza que hacemos no es solo un producto… es algo pensado para alguien.